Tecleando Clásicos
Portada: Arthur Rackham, La liebre y la tortuga, Fábulas de Esopo (1912)

Practica mecanografía conFábulas

Félix María Samaniego · 1781

  • Principiante
  • 17 páginas · 4 capítulos
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Félix María Samaniego publicó sus Fábulas en 1781 para los alumnos del Real Seminario de Vergara, en el País Vasco. Son historias breves en verso protagonizadas por animales y personas, cada una con su moraleja: la cigarra que canta todo el verano, la lechera que sueña despierta, la zorra que desprecia las uvas que no alcanza. Sus versos cortos y su ritmo hacen que se escriban casi de memoria, y enseñan a usar comas, rayas de diálogo y signos de exclamación.

Primeras líneas

Así se ve la primera página mientras la escribes.

Contenido

Cada página se escribe en una sola sesión y, al completar un capítulo, se destapa su ilustración.

  1. La cigarra y la hormigaCantando la Cigarra · Vióse desproveída · Doña Hormiga · No dudéis en prestarme · ¡Yo prestar lo que gano!5 páginas
  2. La lecheraLlevaba en la cabeza · Porque no apetecía · Esta leche vendida · Del importe logrado · Llevaréle al mercado · Con este pensamiento · Oh loca fantasía · No seas ambiciosa8 páginas
  3. La zorra y las uvasEs voz común que a más del medio día · Miró, saltó, y anduvo en probaduras2 páginas
  4. La gallina de los huevos de oroÉrase una Gallina que ponía · Cuántos hay que teniendo lo bastante2 páginas

Texto completo de Fábulas

Félix María Samaniego, 1781

La cigarra y la hormiga

Cantando la Cigarra, Pasó el verano entero Sin hacer provisiones Allá para el invierno. Los fríos la obligaron A guardar el silencio, Y a acogerse al abrigo De su estrecho aposento.

Vióse desproveída Del preciso sustento, Sin mosca, sin gusano, Sin trigo, sin centeno. Habitaba la Hormiga Allí tabique en medio, Y con mil expresiones De atención y respeto

La dijo: —Doña Hormiga, Pues que en vuestros graneros Sobran las provisiones Para vuestro alimento, Prestad alguna cosa Con que viva este invierno Esta triste Cigarra, Que alegre en otro tiempo, Nunca conoció el daño, Nunca supo temerlo.

No dudéis en prestarme, Que fielmente prometo Pagaros con ganancias, Por el nombre que tengo.— La codiciosa Hormiga Respondió con denuedo, Ocultando a la espalda Las llaves del granero:

—¡Yo prestar lo que gano Con un trabajo inmenso! Dime pues, holgazana, ¿Qué has hecho en el buen tiempo? —Yo, dijo la Cigarra, A todo pasajero Cantaba alegremente Sin cesar ni un momento. —¡Hola! ¿conque cantabas Cuando yo andaba al remo? Pues ahora que yo como, Baila ¡pese a tu cuerpo!

La lechera

Llevaba en la cabeza Una Lechera el cántaro al mercado, Con aquella presteza, Aquel aire sencillo, aquel agrado, Que va diciendo a todo el que lo advierte: ¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!

Porque no apetecía Más compañía que su pensamiento, Que alegre la ofrecía Inocentes ideas de contento. Marchaba sola la feliz Lechera, Y decía entre sí de esta manera:

—Esta leche vendida, En limpio me dará tanto dinero; Y con esta partida Un canasto de huevos comprar quiero, Para sacar cien pollos, que al estío Me rodeen cantando el pío, pío.

Del importe logrado De tanto pollo, mercaré un cochino; Con bellota, salvado, Berza, castaña engordará sin tino, Tanto que puede ser que yo consiga Ver cómo se le arrastra la barriga.

Llevaréle al mercado, Sacaré de él sin duda buen dinero Compraré de contado Una robusta vaca y un ternero Que salte y corra toda la compaña Hasta el monte cercano a la cabaña.

Con este pensamiento Enajenada brinca de manera, Que a su salto violento El cántaro cayó. ¡Pobre Lechera! ¡Qué compasión! Adiós leche, dinero, Huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía, Qué palacios fabricas en el viento! Modera tu alegría, No sea que, saltando de contento, Al contemplar dichosa tu mudanza, Quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa De mejor o más próspera fortuna, Que vivirás ansiosa, Sin que pueda saciarte cosa alguna. No anheles impaciente el bien futuro, Mira que ni el presente está seguro.

La zorra y las uvas

Es voz común que a más del medio día En ayunas la Zorra iba cazando: Halla una parra, quédase mirando De la alta vid el fruto que pendía. Causábale mil ansias y congojas No alcanzar a las uvas con la garra, Al mostrar a sus dientes la alta parra Negros racimos entre verdes hojas.

Miró, saltó, y anduvo en probaduras; Pero vio el imposible ya de fijo. Entonces fue cuando la Zorra dijo: «No las quiero comer; no están maduras». No por eso te muestres impaciente, Si se te frustra, Fabio, algún intento. Aplica bien el cuento, Y di, No están maduras, frescamente.

La gallina de los huevos de oro

Érase una Gallina que ponía Un huevo de oro al dueño cada día. Aun con tanta ganancia mal contento, Quiso el rico avariento Descubrir de una vez la mina de oro, Y hallar en menos tiempo más tesoro. Matóla, abrióla el vientre de contado; Pero después de haberla registrado, ¿Qué sucedió? que muerta la Gallina, Perdió su huevo de oro y no halló mina.

¡Cuántos hay que teniendo lo bastante, Enriquecerse quieren al instante, Abrazando proyectos, A veces de tan rápidos efectos, Que solo en pocos meses, Cuando se contemplaban ya marqueses, Contando sus millones, Se vieron en la calle sin calzones!

Obra de dominio público. Texto dividido en páginas para practicar mecanografía.

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