Tecleando Clásicos
Portada: Edmund Dulac, La princesa y el guisante (1911)

Practica mecanografía conA Margarita Debayle

Rubén Darío · 1908

  • Principiante
  • 10 páginas · 2 capítulos
  • Premium · 3 páginas gratis
Empezar a escribir gratis →

Rubén Darío escribió este poema en 1908 para Margarita Debayle, la pequeña hija de unos amigos nicaragüenses, y hoy es uno de los poemas infantiles más recitados en las escuelas de Hispanoamérica. «Margarita, está linda la mar...»: el poeta le cuenta el cuento de una princesita que sale a cortar una estrella sin permiso de su papá. Sus versos cortos, sus rimas sonoras y sus diálogos lo hacen perfecto para practicar con ritmo.

Primeras líneas

Así se ve la primera página mientras la escribes.

Contenido

Cada página se escribe en una sola sesión y, al completar un capítulo, se destapa su ilustración.

  1. El rey y la princesitaMargarita, está linda la mar · Este era un rey que tenía · Una tarde la princesa · Las princesas primorosas · Y siguió camino arriba5 páginas
  2. La estrella¿Qué te has hecho? · ¿No te he dicho? · Y el papá dice enojado · En mis campiñas · La princesita está bella5 páginas

Texto completo de A Margarita Debayle

Rubén Darío, 1908

El rey y la princesita

Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar; yo siento en el alma una alondra cantar; tu acento. Margarita, te voy a contar un cuento.

Este era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha del día y un rebaño de elefantes, un kiosko de malaquita, un gran manto de tisú, y una gentil princesita, tan bonita, Margarita, tan bonita como tú.

Una tarde la princesa vio una estrella aparecer; la princesa era traviesa y la quiso ir a coger. La quería para hacerla decorar un prendedor, con un verso y una perla, y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas se parecen mucho a ti. Cortan lirios, cortan rosas, cortan astros. Son así. Pues se fue la niña bella, bajo el cielo y sobre el mar, a cortar la blanca estrella que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba, por la luna y más allá; mas lo malo es que ella iba sin permiso del papá. Cuando estuvo ya de vuelta de los parques del Señor, se miraba toda envuelta en un dulce resplandor.

La estrella

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho? Te he buscado y no te hallé; y ¿qué tienes en el pecho, que encendido se te ve?» La princesa no mentía, y así, dijo la verdad: «Fui a cortar la estrella mía a la azul inmensidad.»

Y el rey clama: «¿No te he dicho que el azul no hay que tocar? ¡Qué locura! ¡Qué capricho! El Señor se va a enojar.» Y dice ella: «No hubo intento: yo me fui no sé por qué; por las olas y en el viento fui a la estrella y la corté.»

Y el papá dice enojado: «Un castigo has de tener: vuelve al cielo, y lo robado vas ahora a devolver.» La princesa se entristece por su dulce flor de luz, cuando entonces aparece sonriendo el buen Jesús.

Y así dice: «En mis campiñas esa rosa le ofrecí: son mis flores de las niñas que al soñar piensan en mí.» Viste el rey ropas brillantes, y luego hace desfilar cuatrocientos elefantes a la orilla de la mar.

La princesita está bella, pues ya tiene el prendedor, en que lucen, con la estrella, verso, perla, pluma y flor. Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar: tu aliento. Ya que lejos de mí vas a estar, guarda, niña, un gentil pensamiento al que un día te quiso contar un cuento.

Obra de dominio público. Texto dividido en páginas para practicar mecanografía.

Otras obras para practicar

Ver todas las obras →